Europa ha consolidado una posición de liderazgo en investigación en microelectrónica y fotónica, pero sigue enfrentando dificultades estructurales para transformar ese conocimiento en capacidad industrial escalable. En los últimos años, esa brecha ha pasado a ser una prioridad estratégica, impulsando iniciativas como la Chips Act y el despliegue de infraestructuras específicas para acelerar la transición de la I+D a la fabricación.






